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domingo, 13 de septiembre de 2020

INTRODUCCIÓN A ENCUENTROS CERCANOS DEL TIPO 4. (Parte II) CdC º 6.


Las abducciones, o supuesto secuestro de seres humanos por parte de seres no humanos, es uno de los epígrafes ufológicos más recurrente para el cine, las series de televisión o la literatura de terror. Y ese peso sociológico, bombardeándonos constantemente con imágenes de extraterrestres agresivos, de apariencia humanoide y sofisticada tecnología, ha terminado por implantarse en el inconsciente de lo colectivo.

Es cierto que si hoy le pidiésemos a un niño de corta edad que nos dibujase una nave extraterrestre y un alienígena, muy probablemente plasmaría un platillo volante y un humanoide cabezón. Pero ¿demuestra eso que todas las descripciones realizadas por los testigos son fabulaciones inspiradas por el cine y la cultura?

Para los ufólogos defensores de la Hipótesis PsicoSocial (HPS), no hay misterio alguno en las abducciones. Según ellos en el incipiente cine, series y literatura de ciencia ficción de los años 30, 40 y 50, se encuentras la mayoría de los elementos que décadas más tarde describirían los supuestos secuestrados por extraterrestres. Enigma resuelto.

Sin embargo este razonamiento a mí siempre me ha parecido tan audaz como la afirmación de los conspiranóicos de que el Apolo IX nunca aterrizó en nuestro satélite, porque Julio Verne ya describió esa proeza en su novela “De la Tierra a la Luna” un siglo antes. O la afirmación de que tras la emisión de películas y series de éxito sobre abducciones, aumentan el número de casos reportados.

En cierto. Tanto como tras la emisión de películas y series de éxito sobre periodistas, médicos o policías, aumentan las vocaciones y las matrículas en las respectivas facultades. ¿Y?

Curiosamente la inmensa mayoría de los partidarios de la HPS no han investigado jamás un caso de abducción. Ni siquiera han mirado a los ojos a un abducido cuando relata su supuesta experiencia. Y en mi opinión la encuesta de campo es fundamental para comprender el fenómeno al que nos referimos.

Resulta paradójico, desde el punto de vista de la HPS que hoy, cuando el cine de ciencia ficción y las series televisivas sobre el espacio, y la literatura de ficción alienígena es más prolífica que nunca, los casos de abducción se hayan reducido casi a la nada. Además, es cierto que en la literatura y el cine podemos encontrar muchos elementos descritos por los abducidos a partir de los años sesenta del siglo XX. Pero muchísimo antes de que existiesen el cine, las series o la literatura, esos mismos elementos ya estaban presentes en las tradiciones chamánicas de viaje al mundo de los espíritus, raptos de hadas, duendes o demonios, etc.


Los partidarios de la escuela ufológica más escéptica y racionalista van más allá. Al presuponer dolo en los testimonios de abducción, y de OVNIs en general. Sin embargo mi experiencia, y creo que podré documentarlo con los casos que rescato de mis cuadernos de campo, es que en general los testigos de cualquier experiencia OVNI no ganan nada al compartir sus relatos con los investigadores y divulgadores. Y somos estos quienes, en realidad, obtenemos un beneficio de sus relatos. Siendo –en muchas ocasiones- cómplices en la elaboración de los mismos. Cuando no auténticos creadores…

Crédulos o escépticos; encuestadores, compiladores o analistas; místicos o racionalistas… todos sacan –sacamos- partido de los testigos. Quizás ha llegado el momento de deconstruir y volver a analizar todo lo que nos han contado sobre el fenómeno abducción.

Secuestrados por los OVNIs

En 1992 el Dr. Fernando Jiménez del Oso, que me había pedido personalmente que me ocupase de la investigación de algunos casos de abducción especialmente sorprendentes, me propuso que escribiese un libro con mis conclusiones sobre el fenómeno para la colección Biblioteca Básica de Espacio y Tiempo. Y lo hice. Ese año publiqué mi segundo libro: “Secuestrados por los OVNIs”. Un estudio monográfico sobre un universo de cien casos de supuesta abducción en todo el mundo. El caso Fernando M. fue uno de ellos…

Los aficionados creen que los investigadores y divulgadores de fenómenos anómalos, como las abducciones, simplemente recogen sucesos objetivos para su estudio o publicación. En 1992 yo también lo creía. Pero con el paso de los años me di cuenta de que eso no siempre es así… De hecho casi nunca es así.

Con frecuencia nosotros tenemos un protagonismo en el desarrollo de cada caso, a veces incluso mayor que el del propio testigo. Interactuando, modelando o condicionando el relato inicial hasta fijar esa versión final que después quedará inmortalizada en la bibliografía especializada. Un factor que muy pocas veces hemos tenido en cuenta: el factor investigador.

Hoy pienso que ese factor, descuidado a la hora de valorar el fenómeno OVNI en general y las abducciones en particular, ha resultado determinante para nuestra percepción, valoración y enfoque sobre los testimonios de los abducidos. Y por eso hemos perdido tantos años, encajonando las abducciones en el contexto OVNI, limitados por nuestros propios prejuicios. Los ufólogos hicimos el fenómeno a nuestra imagen y semejanza.


Preguntarse quién está detrás del fenómeno OVNI, o de las abducciones, es una estupidez tan grande como preguntarse quien está detrás de los accidentes de tráfico. Cada caso es único. Y en el conjunto confluyen un sinfín de factores humanos, medioambientales, culturales, físicos, etc.: el estado de los neumáticos, la carretera, la meteorología, el conductor… Con las abducciones, y los OVNIs en general, ocurre lo mismo.

En este cuaderno de campo, por primera vez, además de la crónica de mis investigaciones sobre el terreno de cada caso, me he permitido transcribir algunas de las reflexiones, ideas y conclusiones que me sugirieron dichas investigaciones. Porque cuando eliminamos el ruido -el factor investigador- y cambia el enfoque para abordar el problema, todo comienza a tener sentido…

  

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INTRODUCCIÓN A ENCUENTROS CERCANOS DEL TIPO 4. (Part.I) CdC. Nº 6


Riiing, riiing… Suena el teléfono. Otra vez. En esta ocasión llaman del programa de Ana Rosa, o el de Susana Griso, o el de Iker Jiménez, o el de Toni Moreno… o cualquier otro.

-Buenas tardes Señor Carballal. Le llamo de televisión… Estamos buscando algún testimonio de alguien que haya sido víctima de una estafa esotérica… (o que haya pasado por una ECM, o que haya visto un OVNI, o que haya sufrido un poltergeist, etc., etc., etc.).

Yo respondo siempre lo mismo.

-Los casos más serios no tienen ningún interés en aparecer en televisión, no buscan fama ni publicidad, pero antes de facilitarles ningún contacto debo consultarlo.

El periodista insiste. Algunos insisten mucho…

-Nosotros somos un programa serio… Si me das su teléfono puedo convencerlo… Puede haber una gratificación económica. Y para ti también…

Este elemento del mundo del misterio es uno de los mayores tabús. A nadie le ha interesado jamás tratar este aspecto del contexto de las anomalías, fundamental para comprender como se construyen los mitos.

Desde el “Crónicas Marcianas” de Javier Sardá, al “Mississippi” de Pepe Navarro, pasando por las sagas Maussan, Jiménez, etc. Para todos los programas de masas, en todos los países del mundo, los testimonios humanos son la pieza angular sobre la que se construye el producto comercial que ofrecen a sus audiencias. Pero solo quienes estamos a pie de calle, sobre el terreno, encuestando cientos, miles de testimonios humanos, conocemos a los testigos y obviamente nos hemos ganado su respeto y confianza.

Por eso en la agenda de todo buen periodista generalista figuran los teléfonos de numerosos investigadores, a los que acuden cuando los responsables de sus programas les piden testimonios para tal o cual pieza radiofónica o televisiva. Especialmente en verano. Creo que todos hemos recibido un millón de veces este tipo de llamadas.

En ocasiones el testigo (no importa que sea de un caso OVNI, paranormal, una ECM, etc. ) acepta entrar en el juego. Y a veces resulta tan elocuente, fascinante, atractivo o buen comunicador, que su participación no se limita a un solo programa, sino que comienza una interminable gira por platos, estudios y cadenas, que normalmente después se proyecta a congresos internacionales, medios de otros países, ofertas editoriales, etc.

En algunos casos el testimonio incluso llega a convertirse en una película o serie de televisión. En esos grandes casos mediáticos, que quedan inmortalizados para la eternidad en las hemerotecas y bibliografía especializada, como “los grandes casos del misterio”, se mueve mucho dinero. A veces una cantidad indecente de dinero.

No me refiero solo a los emolumentos que pueda percibir (o no) el testigo, que suele ser quien se lleva la menor parte del pastel. Obviamente el “investigador”, que pasa a actuar como agente comercial, también se lleva una buena tajada. Aunque, obviamente, quienes realmente se benefician de ese mercado de testimonios, son los responsables de los programas, los organizadores de los congresos internacionales, las grandes editoriales, etc. Hablamos de millones de euros o dólares. Y las abducciones son el plato fuerte.

En mayo de 2016 la filtración de una filmación, obtenida con cámara oculta, en la que el mexicano Daniel Muñoz, -miembro del equipo de Jaime Maussan- habla sin tapujos sobre la rentabilidad comercial del famoso caso Jonnathan Reed- sacudió a la comunidad ufológica internacional. Es un ejemplo demoledor del factor investigador en su dimensión más obscena.(1)

Evidentemente que alguien gane dinero, fama o protagonismo, con su relato sobre una experiencia extraordinaria no garantiza que dicho relato sea un fraude, ni auténtico. Sin embargo es un aspecto que debería ser tenido en cuenta a la hora de valorar los elementos que se van añadiendo al caso con el paso de los años y que son detectados fácilmente al elaborar la cronología: Roswell, Bélmez, Gulf Breeze, Vallecas, Jonathan Reed, Castaneda, Amityville, Sixto Paz, Pascagoula, UMMO, Amaury Rivera…

Por supuesto, en un sistema capitalista y en toda sociedad de consumo, ganar dinero es lícito. Pero ¿qué parte de esos casos célebres es real (si alguna lo es) y cuando se convirtieron en un objeto comercial? ¿Cuál fue la responsabilidad de los investigadores y los divulgadores a la hora de convertirlos en objeto de consumo? ¿Podemos basar nuestras hipótesis, teorías o reflexiones sobre el mundo paranormal en casos que podrían estar contaminados por el móvil económico desde su origen?

Basta imaginar a alguien de un estrato social humilde, que tras asegurar haber vivido una experiencia extraordinaria comienza a hacerse famoso… Viaja a otros países, se aloja en buenos hoteles, se convierte en una celebridad en su barrio, ciudad o país, y comienza a recibir una justa (o no) cantidad de dinero, cada vez mayor, por compartir su experiencia (real o no). ¿Podría esa circunstancia condicionar su testimonio y enriquecerlo (u originarlo)?


La “actuación” de Sixto Paz, sometiéndose al polígrafo, en el programa de TV español “La máquina de la verdad”, es otro ejemplo demoledor. Síxto Paz fue el único invitado al célebre programa de Tele5 que exigió ver materialmente el dinero antes de acudir al plató.(2, 3).

Lo mismo podría decirse de periodistas mediocres (o no), creyentes o detractores de lo paranormal, que jamás destacaron en su profesión, pero que reafirmado un mito paranormal, o atacándolo irracionalmente, se convierten en celebridades. Escriben libros, viajan a congresos internacionales, o se ganan su propio programa de televisión… ¿Podría todo ello condicionar sus valoraciones? ¿Convertirse en el móvil de una estafa? O por el contrario, basta con hablar de temas paranormales para ser ajeno a toda tentación de corrupción, por mucho dinero que entre en la cuenta bancaria…

Mi experiencia sugiere que, en lo que yo denomino el “efecto D´arbó-Gámez-Alés”, la justificación progresiva del engaño basada en el supuesto de que “si todos mienten, ¿porque yo no?”, es uno de los mayores cánceres del estudio de las anomalías en general y de los ECM 4 en particular. Pero la comercial, no es la única dimensión de la casuística OVNI y paranormal que hemos desestimado en la ecuación. Hay más.

En 1972 el profesor Joseph Allen Hynek, estableció una clasificación de la casuística OVNI que fue utilizada durante décadas por la mayor parte de la comunidad ufológica internacional. Hynek llegó a una disciplina caótica y anárquica como la ufología, con unas referencias inmejorables.

Como astrónomo reputado -era profesor titular de física y astronomía en la Universidad Estatal de Ohio-, había sido asesor de la Fuerza Aérea de EEUU en tres de sus proyectos gubernamentales para intentar desmitificar el reciente fenómeno social de los platillos volantes: Sign (1947-1949), Grudge (1949-1952) y Blue Book (1952-1969). (4)

Sin embargo Hynek, que supuestamente fue reclutado por los militares por su escepticismo, terminó por convencerse de que tras el fenómeno existía un enigma científico real, convirtiéndose en uno de los referentes de la ufología internacional.


El 27 de noviembre de 1978, Hynek fue uno de los investigadores que participaron en la histórica sesión 36 (tema 126) convocada en la Asamblea General de las Naciones Unidas por el entonces Primer Ministro de Grenada, Sir Eric Gairy, con la pretensión de crear una comisión permanente de estudio OVNI en la ONU. (5)

Ese mismo año Hynek, que asesoró junto a su aventajado discípulo Jacques Vallée a Steven Spielberg en su famosa película “Close Encounters of the Third Kind”, aparecía por primera vez en las pantallas de cine de todo el mundo al hacer un cameo en la escena final de la película de Spielberg. El título del film de Spielberg, que en España se bautizó como “Encuentros en la tercera fase”, hace alusión precisamente a esa primera clasificación de la tipología de los incidentes OVNI propuesta por Hynek en 1972. (6).

A saber:

-Los encuentros lejanos: avistamientos producidos a más de 150 metros entre el fenómeno y el observador, clasificados como “discos diurnos”, “luces nocturnas”, “detecciones en radar”, etc. Los avistamientos producidos a menor distancia entre el observador y el fenómeno eran considerados por Hynek “encuentros cercanos”, en los que presuntamente existían menos posibilidades de confusión con fenómenos astronómicos, meteorológicos o físicos convencionales.

-Encuentros cercanos del tipo 1 (ECT1): avistamiento de “platillos” u objetos fusiformes, luces extrañas y objetos aéreos que por sus características y/o comportamiento no parecen identificables con aeronaves convencionales.

-Encuentros cercanos del tipo 2 (ECT2): aterrizajes o cuasi-aterrizajes de esos objetos que producen efectos físicos en el terreno (quemaduras, huellas, interferencias electro-magnéticas, interacción con los animales o testigos humanos, etc.).

-Encuentros cercanos del tipo 3 (ECT3): asociación del OVNI con entidades biológicas o humanoides, presuntos tripulantes de esos objetos. Hynek los denomina “seres animados” en su clasificación original.

Otros ufólogos, como Ted Bloecher o el mismo Jacques Valleé, propusieron posteriormente subtipos a la clasificación de Hynek ampliándola. Y así se definió el cuarto estado del contacto OVNI:

-Encuentros cercanos del tipo 4 (ECT4): El testigo penetra en el interior del OVNI voluntariamente o contra su voluntad (abducción, como sinónimo de rapto o secuestro).

No todos los ECT4 pueden considerarse raptos. En algunos casos el testigo afirma haber penetrado en el interior del objeto por su propia voluntad (he escogido uno de esos casos para este breve catálogo), sin embargo en la bibliografía especializada se ha dado prioridad a los relatos dramáticos y traumáticos, intuyo que por puro interés en presentar una imagen interesada del fenómeno.

En mi primer estudio sobre abducciones, y tras analizar un centenar de casos, solo en el 18% de los casos los abduccidos describían el comportamiento de los “extraterrestres” como agresivo. En la aplastante mayoría restante se referían a ellos como amistosos o indiferentes. Esto es un hecho.(7)

Y aunque esta realidad incuestionable hace que el término abducción sea tendencioso para referirse a todos los ECT4, ya está implantado en nuestro lenguaje. Por ello, una vez hecha esta matización, lo continuaré usando desde su perspectiva coloquial, a falta de un término mejor.

Continúa en la parte (II)...

Notas:

1
https://www.youtube.com/watch?v=BhGCOXI1Wqk&t=10s 

2
Puede verse en: https://www.youtube.com/watch?v=89V3rBKIpV8&t=43s

3
Gabriel Carrión lo relató así: http://elojocritico.info/sixto-paz-culo-roto-y-el-otro/ 

4
En enero de 2019, y en medio de una amarga polémica, el canal History Channel estreno la serie Proyect Blue Book, en la que toda la acción gira en torno a las aventuras del Dr. Hynek, interpretado por Aidan Gillen, y convertido en un héroe de acción al más puro estilo americano, más que en el escrupuloso científico de mente abierta que fue.

5
La comunicación íntegra leída por Hynek en la sede de la ONU puede consultarse en: http://www.ufoevidence.org/documents/doc757.htm

6
Hynek, J. Allen. “The UFO experience: A scientific inquirí”. Henry Regnery Company, 1972.

7
Carballal, Manuel. “Secuestrados por los OVNIs”. Espacio y Tiempo, 1992. Traducido al italiano en 1993, por Hobby & Work, como “Sequestrati dagli UFO”.


  

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martes, 9 de junio de 2020

TRAFICANTES DE ILUSIONES: INTRODUCCIÓN AL CUADERNO DE CAMPO Nº 5 DE MANUEL CARBALLAL



En 2017 la siniestra palabra posverdad fue incorporada al diccionario de la Real Academia Española (RAE).

Según la RAE se entiende por posverdad la “distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales”.

TRAFICANTES DE ILUSIONES: ÍNDICE DEL CUADERNO DE CAMPO Nº 5



INDICE



Cuando misterio se escribe con M de mentira


CASO 01:

Saulo Sabá: el policía que conoció a Jesús de Nazaret. 
El guardia civil que no era de este mundo. 
El híbrido. 
Contacto previa cita en el Popocatepetl.
2018: La reinvestigación. 

CASO 02: 

El hombre milagro.
Primera etapa: la búsqueda. 
Segunda etapa: el distanciamiento. 
Tercera etapa: la investigación. 
Los argumentos de los creyentes. 
Cuarta etapa: las evidencias. 
El desenlace… televisado.


CASO 03: 

El mentalista mentiroso.
Una llamada de Más Allá. 
El psíquico más importante del mundo. 
El “sanador de los ojos azules” que viste y calza. 
El poder del mentalista a prueba. 
El fin de Schiariti en España. 

Caso 04: 

El caso (im)perfecto.

PARTE I: el testigo. 

Cronología de un contacto. 
De la TCI al contacto OVNI. 
La primera abducción grabada de la historia. 
El mensaje de otro mundo. 
El investigador presencia un Poltergeist. 

PARTE II: la investigación.

Investigación sobre el terreno. 
Los análisis científicos.  
¿Un viaje de negocios en OVNI? 
Objetivo: de profesión contactado. 
La cagada de Cuadernos de Ufología. 

Caso 05: 

El mayor traficante de ilusiones de la historia.

A.C./D.C. 
Altamente contagioso. 
De Hollywood a Netflix.
En Europa… también. 
Castaneda en el siglo XXI. 
 ¿Quién era realmente Castaneda? 
La vida secreta de Carlos Castaneda. 

La conspiración del silencio 
(periodismo del misterio y posverdad).



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jueves, 12 de marzo de 2020

HAY OTROS MUNDOS PERO ESTÁN EN ESTE. PRÓLOGO DE MANUEL CARBALLAL




Por primera vez en la historia, 40 investigadores y divulgadores, entre los que se encuentras abogados, preriodistas, geólogos, criminólogos, ingenieros de telecomunicaciones, astrofísicos, secretarios judiciales, arqueólogos, físicos, psicólogos, policías, médicos, historiadores, diplomáticos, etc., se han unido en un proyecto bibliográfico común, cuyos beneficios van integramente destinados a la ONG Médicos sin Fronteras.


Sectas destructivas, y sectas constructivas, pseudo-arqueologia y “misterios históricos”, anomalías, fronteras de la ciencia, sociología de las creencias… son algunos de los temas afrontados por los autores de “Hay otros mundos… pero están en este”. Un libro llamado a convertirse en un referente imprescindible en toda biblioteca.

PRÓLOGO

En 1930, tres años antes del ascenso de Hitler al poder, y dos antes de su exilio voluntario a EEUU, Albert Einstein, que ya era una institución cultural en Berlín tras la obtención del Premio Nobel de física en 1921, escribió un pequeño artículo titulado “Lo que yo creo”. En él afirmaba: 

“La cosa más bella que podemos experimentar es lo misterioso. Es la fuente de toda verdad y ciencia. Aquel para quien esa emoción es ajena, aquel que ya no puede maravillarse y extasiarse ante el miedo, vale tanto como un muerto: sus ojos están cerrados… Saber que lo impenetrable para nosotros existe realmente, manifestándose como la prudencia máxima y la belleza más radiante que nuestras torpes capacidades pueden comprender tan solo en sus formas más primitivas… este conocimiento, este sentimiento, se encuentran en el centro de la verdad religiosidad. En ese sentido, y sólo en ese sentido, pertenezco a las filas de los hombres religiosos devotos”.

El párrafo, al menos las dos primeras frases, han sido citadas en miles de ocasiones por quienes intentan buscar en el genial físico alemán, un argumento en pro de sus propias creencias religiosas. Vano intento. Durante toda su vida Einstein expresó en innumerables ocasiones su desinterés, rozando a veces el desprecio, por toda forma de religión organizada. En la carta escrita por Einstein al filósofo Eric Gutkind, el 3 de enero de 1954, subastada a finales de 2012, lo deja bien claro: “La palabra Dios para mí no es más que la expresión y producto de las debilidades humanas, la Biblia, una colección de honorables pero aún primitivas leyendas que sin embargo son bastante infantiles. Ninguna interpretación, sin importar cuán sutil sea, puede (para mí) cambiar esto…”.


Einstein, a pesar de ser judío, no creía en el Dios del Talmud y la Toráh, ni en el de la Biblia o el Corán. El mismo lo dejó muy claro: “Creo en el Dios de Spinoza que es idéntico al orden matemático del Universo”. Y su reivindicación del misterio, como “la cosa más hermosa que podemos experimentar… fuente de toda verdad y ciencia”, nada tiene de genialidad. Al contrario, es una obviedad. Mucho antes que él, el otro gran referente de la física, Isaac Newton sentenció: “Lo que sabemos es una gota de agua; lo que ignoramos es el océano”.

Nuestro conocimiento científico es exponencial. Cada año, cada decenio, cada siglo, sabemos mucho más que el anterior. El desarrollo tecnológico, las publicaciones especializadas, las bases de datos, cada año más numerosas, hacen que cada día los investigadores tengan más herramientas que sus predecesores, y nuestro conocimiento del universo y de la mente aumente exponencialmente. Nunca antes en la historia de la humanidad, habíamos estado tan cerca del conocimiento. Pero al mismo tiempo, paradogicamente, muchas de las cosas que hoy consideramos reales, serán refutadas por nuestros hijos y nietos. Como nosotros refutamos las creencias de nuestros padres y abuelos.

Hubo un tiempo en que la esfericidad de la tierra, la existencia de meteoritos, la evolución de las especies, la aplicación de la electricidad, la división del átomo, o la relatividad especial, se consideraron supersticiones pseudocientíficas. El dogma consensuado de la época, comprensible por el contexto cultural, científico y social del momento, satanizaban a quienes, como Newton, o Einstein, abogaban por ir más allá de lo conocido. Por indagar al otro lado de las fronteras del misterio. Y es que, y por ello la cita de Einstein es una obviedad, nuestro saber científico, social, o cultural, solo puede avanzar cuando intrépidos aventureros se atreven a ir más allá de lo conocido. Lo que suele implicar el enfrentamiento con la ortodoxia, y la burla, la incomprensión, y el desprecio de los defensores del dogma de la época. Ya lo sentenció el controvertido escéptico, y después converso, Giovanni Papinni: “Hasta las ciencias más adelantadas están saturadas de misterios y de preguntas sin respuesta”.

Investigar lo desconocido

Siempre han existido pensadores inconformistas. Aventureros intrépidos. Curiosos inquietos y rebeldes, que no se han contentado con las respuestas convencionales, que les han tocado en suerte en su época y en su contexto cultural. Por mucho que irrite a sus biógrafos más políticamente correctos, Isaac Newton escribió más de un millón de palabras sobre astrología, alquimia y esoterismo, mientras revolucionaba nuestro conocimiento de la física y las matemáticas, para siempre.

Este libro está escrito por un selecto grupo de esos pensadores inconformistas, curiosos inquietos, y aventureros intrépidos, dispuestos a jugarse su tiempo y su dinero, por descubrir que se esconde más allá de los límites de lo conocido. Hombres y mujeres que, errados o no, intuyen que nuestro conocimiento del hombre y del universo todavía encierra demasiados interrogantes sin solución. ¿Existe vida inteligente en otros sistemas solares? Si es así, ¿es posible el contacto? ¿Acaso ya se ha producido? ¿Existe vida después de la muerte? ¿Posee el cerebro humano más de cinco sentidos?

Intentar responder a esas preguntas, careciendo de más recursos, laboratorios, fondos e instrumental -salvo algunas excepciones- que el entusiasmo, la lucidez y el empeño del investigador, resulta tan utópico como pretender descifrar el orden del universo, observando la caída de una manzana. De hecho es probable que nuestra generación no llegue a encontrar un respuesta irrefutable a ninguna de esas preguntas pero, ¡caray!, es tan estimulante intentarlo. Quizás no lleguemos nunca al final de este camino, pero aprenderemos tanto mientras lo recorremos…

Lo maravilloso de este utópico empeño, investigar lo desconocido, es que exige vocación interdisciplinar. El estudio de las anomalías, por definición, obliga al investigador a familiarizarse con la física, química, sociología, arqueología, astronomía, biología, acústica, aeronaútica, astronaútica, exobiología, meteorología, etc. ¿Puede existir una forma mayor de enriquecimiento intelectual? De hecho es probable que pocos campos de estudio fomenten tanto la concepción renacentista del conocimiento, como el estudio de las anomalías.

Ahora, entre tus manos, tienes el fruto del esfuerzo generoso y desinteresado de casi cuatro docenas de hombres y mujeres, que han dedicado su tiempo, esfuerzo y dinero en investigar diferentes anomalías de la ciencia. Y lo han hecho desde sus diferentes especialidades profesionales (sociólogos, astrofísicos, psicólogos, geólogos, teólogos, lingüistas, médicos, criminólogos, historiadores, juristas, periodistas, etc).

Misterios solidarios

Con frecuencia el estudio de las anomalías, los misterios del universo, la mente y la muerte, son utilizados con fines pseudo-religiosos. Cultos, credos y sectas de todo tipo, intentan argumentar sus dogmas de fe, con interpretaciones pseudo-religiosas de esos fenómenos anómalos. Sin embargo, quienes no creen en más espiritualidad que la social, reniegan de todo dogma estricto y ven en la solidaridad la expresión de esa mística humanista. El mismo Einstein lo definió así: 

“El comportamiento ético de un hombre debe basarse en la solidaridad, educación, y reglas sociales; ninguna base religiosa es necesaria. Sin embargo, el hombre estaría en un lugar pobre, si tuviese que estar restringido al miedo al castigo y a la esperanza de una recompensa después de la muerte”.

Esta es la maravillosa paradoja. En estas páginas no encontrarás homilías, discursos ni propaganda pseudo-mística. No busques argumentos emocionales a prejuicios religiosos. Ni las firmas de gurús, guías o profetas espirituales. Normalmente quienes presumen, carecen.

Por el contrario, los autores de estos textos son, en gran parte, agnósticos, incluso ateos. La mayoría profundos escépticos, en el real sentido etimológico del término. Buscadores que dudan de las respuestas, y por ello continúan investigando. Y a diferencia de la mayoría de esos gurús, guías y profetas, no recibirán otra gratificación, por el esfuerzo, tiempo y dedicación que implican sus aportaciones a este libro, que la satisfacción de saberse parte de un proyecto común. Tal vez las páginas de esta obra no resuelvan todos los misterios que nos rodean, aunque te aseguramos que en muchos casos nos acercarán mucho más a la verdad de algunos de ellos. Pero en el peor de los casos contribuirán a que otras personas, menos favorecidas que nosotros, reciban una ayuda más necesaria que nunca. Y como decía Einstein, sin “miedo al castigo” ni por “la esperanza de una recompensa después de la muerte”. Quienes se dicen religiosos, místicos y espirituales, y algunos grandes divulgadores demasiado ocupados para utopías sociales, deberían tomar ejemplo.

Esta iniciativa, encabezada por David Cuevas y Carlos Fernández, sigue una forma de entender el misterio, que se inició en 1992, en el norte. Cuando un grupo de investigadores, inconformistas, decidieron que los discursos pseudo-espirituales que suelen aderezar los eventos paranormales, eran pura hipocresía si no se concretaban en una realidad social. Aquel primer congreso benéfico sobre fenómenos anómalos, celebrado en 1992 reunió, como este libro, a algunos de los nombres más relevantes del momento en el campo de las anomalías. Benítez, Argumosa, Blanco, Carrión, Sixto Paz… Todos aportaron al evento sus conocimientos, sin recibir ninguna gratificación económica a cambio. Algunos, como Benítez, incluso corrieron con los gastos de alojamiento y desplazamiento, para abaratar las costas a la organización. Todos donaron desinteresadamente su participación al primer congreso 100% benéfico sobre misterios. Todos salvo uno. Sixto Paz, el místico representante del movimiento contactista New Age fue el único que amortizó económicamente su participación. Paradojas de la espiritualidad.

Por fortuna aquel primer guante no cayó en el olvido, y fue recogido por otros investigadores y divulgadores, que creen en esa forma de espiritualidad social, y que tomaron el relevo. Otros eventos solidarios sobre anomalías se han celebrado desde entonces. Y personajes como David Ortega, Rafael Campillo, David Cuevas o Carlos Fernández, se ocuparon de mantener viva la llama de esa manera de entender el misterio, durante los últimos veinte años.

Más tarde algunas editoriales, como Corona Borealis o Minotauro, trasladaron la idea al mundo de los libros. Reuniendo en volúmenes relacionados con el misterio, a firmas de prestigio, que renunciaban –como en este libro- a todo derecho de autor, destinando los beneficios a organizaciones humanitarias como Médicos sin Fronteras o la Fundación Vicente Ferrer. Pero, sin ninguna duda, si alguna editorial ha ejemplarizado esta forma de entender la espiritualidad y el estudio de las anomalías, es Ediciones Cydonia. Este libro solo es el último ejemplo.

Mientras videntes, contactados, místicos, gurúes e iluminados llenan sus discursos mesiánicos y apocalípticos, sus cursos y meditaciones colectivas, sus “avistamientos previa cita” y sus retiros espirituales, de mensajes de paz y amor, un grupo de investigadores, más críticos que visionarios, hacen realidad esos mensajes. Willian Booth, el fundador del Ejército de Salvación dijo: “un estómago vacío no puede pensar en Dios”… ni en extraterrestres. Y aunque otro mundo es posible, nadie va a construirlo por nosotros. Ni espíritus, ni extraterrestres, ni hermandades blancas, ni ángeles, ni Dios… Carlos Fernandez, y ediciones Cydonia lo comprendieron hace años, haciendo compatible la investigación más crítica y rigurosa de los fenómenos anómalos, con esa forma social de entender la espiritualidad. No hay otra.

Comienzas ahora un viaje fascinante, revelador y en ocasiones profundamente desmitificador, a través de los fenómenos más extraños, insólitos e inexplicados del misterio. Fenómenos aéreos no identificados, sucesos paranormales, cultos extraños, conspiraciones, anomalías históricas, fraudes pseudo-científicos… Un viaje a otros mundos, que como sentenció el poeta francés Eugène Grindel (Paul Eluard), están en este.



lunes, 20 de enero de 2020

EL EFECTO IDEOMOTOR DE LA TABLA OUIJA



Si hay una práctica paranormal mayoritariamente extendida es la de la vasografía. La tabla ouija, también conocida por el improcedente nombre de «juego del vaso».

Probablemente, la inmensa mayoría de nosotros, durante nuestra adolescencia, nos obsequiamos con una dosis de adrenalina inocente invirtiendo un vaso de cristal rodeado de las letras del abecedario, para invocar a los espíritus. De hecho, hoy, ahora mismo, en los baños o el patio de recreo de algún colegio del planeta, un grupo de niños tienta a la suerte invocando a los muertos, al demonio o a los extraterrestres, con el «juego del vaso». 


En la inmensa mayoría de las ocasiones el «juego» no encierra ningún riesgo. Sin embargo, algunos psicólogos, profesores y psiquiatras han documentado casos verdaderamente preocupantes, que tuvieron la ouija como catalizador, probablemente, de un problema anterior. 

El efecto ideomotor 

La ouija forma parte de la familia de los falsos fenómenos paranormales relacionados con los automatismos musculares inconscientes y con el llamado efecto ideomotor. Esta expresión fue utilizada por primera vez por William Carpenter, hacia 1852, para definir su teoría de que los movimientos musculares pueden ser independientes de la voluntad del cerebro, e incluso imperceptibles para este. 

Tras Carpenter, otros investigadores como Ray Hyman, William James o Michael Faraday, demostraron que muchos supuestos fenómenos atribuidos a causas sobrenaturales tenían su origen en el efecto ideomotor. Como la Verónica o juego del libro, la psicografía o escritura automática, la radiestesia, las mesas parlantes o el cumberlandismo. No es necesaria ninguna causa paranormal para que estos «juegos» funcionen, ya que son los micromovimientos musculares inconscientes de los participantes quienes obran el milagro. 

Los ejemplos históricos de efecto ideomotor aplicados al esoterismo y la adivinación son infinitos. 

En algunos pueblos del norte de Galicia, por ejemplo, todavía podemos presenciar fascinados el uso de a peneira como instrumento de adivinación, por ejemplo para discernir si el consultante sufre de «mal de ojo». 

En esta antiquísima tradición se inserta unas tijeras en un cedazo, de los utilizados por los campesinos para cribar el grano, sosteniendo el artilugio dos personas con sus respectivos dedos índices. A continuación se recita la letanía: Peneira, peneiriña, dime si [nombre del poseído] ten o aire. Se o ten vírame a cara, e se non vírame a espalda.

La coscinomancia, o sistema de adivinación a través de los movimientos musculares inconscientes que desplazan un cedazo en suspensión, tiene su origen en la Antigua Grecia y posteriormente en la Europa de la Edad Media, y está documentado en la Nueva Inglaterra del siglo XVII. Su uso ya fue explicado con detalle por Cornelio Agripa en 1533, en el capítulo 21 de De occulta philosophia libri III. También por François Rabelais en su Pantagruel (1532, III.XXV); por Johann Weyer en su Daemonum et incantations ac venificiis (1583, XII) y por Barten Holyday en Technogamia (1618, II.III). 

En la actualidad, y en los contextos urbanos, el cedazo fue sustituido por un ejemplar de la Biblia o cualquier otro libro, dando lugar al llamado «juego de la Verónica». 


El cedazo y el libro funcionan como amplificadores de ese efecto ideomotor que genera micromovimientos musculares inconscientes, y lo mismo ocurre con la radiestesia, cuyo origen se encuentra en la cleidomancia. 

Este antiguo sistema de adivinación se practicaba suspendiendo una llave de un hilo, que era sostenido por la uña del tercer dedo de la mano de una joven virgen, mientras recitaba uno de los salmos. El movimiento pendular de la llave, en un sentido u otro, era interpretado como una respuesta a la pregunta del consultante. 

Con el paso de los siglos los sistemas para utilizar el efecto ideomotor se sofisticaron, utilizando todo tipo de artilugios para consultar a los dioses… o a los espíritus. Uno de los más espectaculares es el sistema de las mesas parlantes. 

Popularizado por los espiritistas norteamericanos y europeos del siglo XIX y XX, existen referentes en casi todos los países del mundo. 

En España, sin duda, el más notable fue el caso de la mesa parlante de Nulles. Este pueblo tarraconense atrajo la atención de toda la prensa nacional en febrero de 1975, cuando tres hermanos, de entre siete y trece años, comenzaron a imitar las sesiones espiritistas con mesas parlantes que por entonces celebraban grupos espíritas de Nulles, Villarodona o Porrera. 

Las medidas exactas de la mesa parlante de Nulles, tomadas por el autor, demuestran que posee el desplazamiento de su centro de gravedad y la inestabilidad natural necesaria para amplificar el efecto ideomotor de los participantes. (arriba dibujo © M. Carballal) 

Pero la sincronización de los tres hermanos era tan espectacular, que su mesa parlante no solo respondía a las preguntas de los consultantes levantándose sobre dos patas o una, girando o brincando, sino que llegaba a salir a la calle, subía y bajaba escaleras, e incluso podía transportar a alguien sobre ella. Siempre eso sí, cuando los jóvenes colocaban sus manos estratégicamente en sus bordes. 

Yo tuve la oportunidad de presentar los respetos a la mesa de Nulles muchos años después. Arrinconada en el trastero familiar durante décadas. Pude examinarla, medirla y «ponerla a prueba», y por sus características, ligereza y distribución, puedo atestiguar que se trataba de un instrumento perfecto para amplificar el efecto ideomotor, debido a la situación de su centro de gravedad, especialmente alto. Como demuestran mis mediciones, sus setenta y cinco centímetros de alto por sesenta de largo y veintiocho de ancho, su inestabilidad natural, la convertía en una mesa parlante perfecta.

Mesas parlantes, cedazos o libros suspendidos de tijeras, o llaves y péndulos, todos estos son sistemas de amplificación del efecto ideomotor. No hay nada sobrenatural en ello. Y los parapsicólogos —los de verdad— lo saben. Por eso en el laboratorio de la Sociedad Española de Parapsicología todavía se conserva una copa metálica provista de unos electrodos, diseñada por José Luis Jordán Peña para demostrar que en las sesiones de ouija siempre había uno o varios participantes que desplazaban consciente o inconscientemente el vaso. 

Por otro lado, ya en su día el profesor Larry Bayou disipó todas las dudas que pudiesen quedar al diseñar una tabla ouija «invertida» en la que los participantes no podían ver las letras sobre las que se desplazaba el vaso. A pesar de todos sus esfuerzos, en esa ouija, veteranos «jugadores» fueron incapaces de conseguir formar un solo mensaje coherente, siendo necesario que las letras fuesen visibles para poder recibir las comunicaciones de los «espíritus». En otras palabras, que el «efecto ideomotor» es la explicación más razonable para comprender cómo funciona la ouija y otras técnicas similares. 

No soy yo quien esto afirma, que también. En previsión de que los defensores de una causa sobrenatural como origen del «fenómeno» entren en cólera, citaré a quienes saben mucho más que yo. 

En su día, el investigador onubense Moisés Garrido, poseedor de una de las mejores bibliotecas y archivos sobre lo paranormal del país, lo resumía perfectamente, tras repasar lo que decían sobre la ouija los clásicos de la parapsicología.

Hoy, los parapsicólogos más críticos atribuyen el movimiento del vaso, en las sesiones de ouija, a automatismos musculares inconscientes: «Son movimientos automáticos, inconscientes, realizados por las personas que colocan los dedos sobre el vaso. Lo que el inconsciente piensa, sabe, imagina, supone, inventa… o adivina parapsicológicamente, lo manifiesta por movimientos inconscientes». Otros parapsicólogos, aún más racionalistas, consideran que el vaso es movido deliberadamente por alguien: «El fenómeno de la ouija en su versión de vasografía nunca ha existido, y el movimiento de la copa es una impostura de algún bromista».

¿Explican ambas tesis definitivamente todos los casos de práctica vasográfica?… No es justo generalizar, pues como bien apunta el profesor Germán de Argumosa, «así como de un hecho verificado no podemos afirmar a priori que todos los demás sean auténticos, resulta igualmente anticientífico asegurar que todo es fraudulento porque se hayan comprobado lamentables casos falsos». 

Si bien la hipótesis espiritista —es decir, que un espíritu desencarnado es quien causa el desplazamiento del vaso hacia las letras para componer un mensaje— puede parecernos, a estas alturas, tremendamente inverosímil (ya, en 1956, el eminente parapsicólogo René Sudré señalaba que «el análisis psicológico de la teoría espiritista, referido a los hechos en los que se funda, contribuiría a evidenciar su gran debilidad, que linda a veces con lo absurdo»), no podemos negar la posibilidad de que —ocasionalmente o no— el vaso se mueva por una acción telecinética conjunta de los participantes (fenómeno polipsíquico), como propone la parapsicología animista. El ambiente, la concentración, el estado de ánimo, el deseo compartido de que se mueva el vaso, etc., pueden servir como factores desencadenantes de un nivel mental propicio que ocasione, por vía psicocinética, el desplazamiento del vaso. 

Los mensajes recibidos, dicen los parapsicólogos animistas, procederían de la mente inconsciente de los participantes; de hecho, se ha descubierto una sospechosa relación entre la mentalidad de estos y la información obtenida a través de la ouija (nivel cultural, calidad gramatical, conocimientos…). 

Algunas escuelas psicológicas también comparten la idea de que, a través de este sistema de canalización —como en otros— se manifiestan los contenidos de la parte inconsciente de nuestra psique. Los que participan en esas sesiones espiritistas creen, erróneamente, que la información procede de una fuente exógena… Cierto es que —como argumentan los defensores de la hipótesis espiritista— hay ocasiones en que esos mensajes transmiten información desconocida por los participantes, tanto a nivel consciente como inconsciente, e incluso también se pueden dar predicciones sobre hechos futuros que, aunque no siempre, al cabo del tiempo se cumplen… ¿Es la prueba que evidencia el contacto entre nuestro mundo físico y un más allá?… Pensamos que no. Los participantes, bajo ese estado especial al que aludimos anteriormente, podrían obtener información por vía extrasensorial y establecer no solo una conexión telepática entre ellos, sino con otras mentes inconscientes y ajenas.


¿QUIÉN FUE CARLOS CASTANEDA?

La Vida Secreta de Carlos Castaneda: Antropólogo, Brujo, Espía y Profeta.

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